Azul maya: curiosidades de un color único

Es tan natural, poderoso y puro, que nunca se desvanece. Un color que inventaron los mayas: El azul maya, azul índigo o azul ultramarino, el pigmento con mayor fijación de todo el mundo. Fue el color imperial y era sumamente importante para los sacerdotes en los rituales. Múltiples murales, códices y arte maya han sobrevivido casi un milenio para demostrarlo. Este pigmento al ser 100% natural es inusual debido a que es casi imposible de remover. Su estabilidad sin precedentes desafía la exposición a alcaloides, a biodegradación como la humedad, luz, ácidos, e incluso disolventes químicos modernos o corrosión.

color azul maya origen

¿De dónde procede el azul maya?

Para obtenerlo, se hace una precipitación de Indigofera suffruticosa, la planta índigo, muy común en esta zona del continente, que da el color azul añil. Sin embargo, el tinte que salía de la flor se desvanecía rápidamente con el sol y los elementos naturales, por lo que para hacerlo resistente se utilizaba una arcilla blanca conocida como atapulgita, paligorskita o copal (y saponita, arcillas que solamente se encuentran en la península de Yucatán y Guatemala), el cual se mezclaba con el pigmento vegetal para hacerlo más duradero. De esa forma se daba como resultado un azul turquesa inigualable mezcla de color de mar y plumas de quetzal.

azul maya pigmento

Su uso principal, era como protagonista en el ritual para invocar a Chaak, señor de la lluvia, donde se arrojaban a un cenote cuerpos humanos teñidos de color para una buena cosecha. Además, los mesoamericanos consideraban que el pigmento purificaba el alma, por lo que era muy usado en las víctimas de sacrificio durante diversos rituales y para decorar los altares.

Ese intenso color azul que los mayas nos regalaron se pueden ver en las majestuosas zonas arqueológicas y en los vestigios de una civilización misteriosa que tras desaparecer (inexplicablemente) dejó atrás pirámides y templos que han aguantado el paso del tiempo y un color que lleva su nombre. Un color brillante que decora sus muros y cuyo tono intenso, permanece aún en nuestros días y ha llegado a hacer historia. Tanto así que varios murales en zonas como Chichén Itzá aún mantienen el pigmento original. La permanencia del color en las obras precolombinas se explica porque a diferencia del carácter mineral del lapislázuli (usado en Europa), la versión prehispánica tenía un origen vegetal.

azul maya color mural

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Cómo llegó ese azul maya a Europa y a nuestros días.

Durante el siglo XVII, el pigmento azul ultramarino era algo bastante difícil y costoso de conseguir ya que la materia prima (la piedra semipreciosa lapislázuli) era originaria de las lejanas minas de Afganistán. Es por ello que sólo artistas adinerados, nobleza o detalles sagrados como las túnicas de la virgen podían reservar el honor de tenerlo. Durante la Revolución Industrial se empezó a simular esa tonalidad azulada de manera artificial y comenzó a verse más. Con la llegada de los españoles, este color se convirtió en el principal diferenciador entre las pinturas barrocas europeas y las del Nuevo Mundo.

azul-maya-cuadros

Los colores azul y verde —para los mayas— iban al centro de los cuatro ángulos del universo porque significan el origen de todo lo creado. El azul es la representación del cosmos y el verde es la madre tierra, por eso se habla de la conexión entre el ser humano y la naturaleza.

El azul maya no fue el único color originario de Mesoamérica que recorrió el mundo, el rojo cochinilla también es destacable. Actualmente, ningún pigmento orgánico se acerca a la potencia del azul maya y es que de acuerdo a la tradición espiritual, tiene un intenso poder purificador que eleva y protege el alma. Quizá por ello, nuestros ancestros sumergieron sus ciudades en un color eterno para dejarnos testimonio de cómo comenzó todo. Un pigmento que ha cambiado la historia del arte y además lleva el color de las más hermosas playas. A ti, ¿a qué te recuerda este histórico color?

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